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A medida que 2025 llega a su fin, invita a la reflexión. No solo sobre cifras, crecimiento o hitos, sino sobre los momentos más silenciosos que realmente definieron el año. A lo largo de los continentes, las familias continuaron viviendo separadas, divididas por fronteras, océanos y husos horarios. Sin embargo, a pesar de la distancia física, permanecieron profundamente conectadas a través del cuidado, la responsabilidad y los gestos cotidianos de apoyo. Este año nos recordó que la conexión no se debilita con la distancia. En muchos casos, se fortalece gracias a ella.
La migración sigue dando forma al mundo moderno. Las personas se trasladan en busca de oportunidades, seguridad y estabilidad, pero rara vez dejan atrás su sentido de pertenencia. Para millones, el hogar existe en más de un lugar. Vive en los recuerdos, las conversaciones, los planes compartidos y el compromiso constante de apoyar a quienes quedaron atrás. A lo largo de 2025, ese compromiso se manifestó de forma tangible a través de remesas, recargas móviles, servicios digitales y una comunicación permanente.
Al cierre del año, las personas estaban conectadas en 174 destinos en todo el mundo a través de distintos servicios, con 109 destinos disponibles específicamente para remesas. Solo durante 2025, se sumaron 18 nuevos destinos, ampliando el acceso en África, Europa del Este, Asia Central, América del Norte, Centroamérica y Asia. No se trató de expansiones abstractas. Cada nuevo destino significó una familia más alcanzada, un puente adicional construido, una distancia reducida.
Este artículo repasa 2025 no como un balance corporativo, sino como una historia humana. Una historia de familias que asumieron responsabilidades a través de las fronteras. De comunidades fortalecidas por la solidaridad. De la distancia transformada en conexión.
En África, 2025 se desarrolló como un año marcado por la resiliencia. Las presiones económicas, el aumento del costo de vida, los desafíos climáticos y las transiciones políticas afectaron a los hogares de distintas maneras, pero una constante se mantuvo. El apoyo desde el exterior siguió desempeñando un papel central en el sostenimiento de las familias y las comunidades.
Para muchos hogares africanos, las remesas no fueron un ingreso complementario. Fueron esenciales. Los fondos enviados por familiares que trabajaban en el extranjero ayudaron a cubrir alimentos, alquiler, atención médica y educación. Permitieron afrontar emergencias y ofrecieron estabilidad en tiempos de incertidumbre. Detrás de cada envío hubo una historia personal de sacrificio, a menudo marcada por largas jornadas, múltiples empleos y tiempo lejos de los seres queridos.
A lo largo del año, las comunidades de la diáspora africana en Europa, América del Norte y Medio Oriente permanecieron profundamente conectadas con la vida en sus países de origen. Padres en el extranjero apoyaron la educación de sus hijos. Hijos adultos asistieron a padres mayores. Hermanos compartieron responsabilidades a través de continentes. Estas conexiones no fueron gestos ocasionales. Fueron constantes y deliberadas.
En 2025, el acceso a este apoyo se amplió aún más. Nuevos destinos como Burundi, Chad, Comoras, Guinea Ecuatorial, Etiopía, Gabón, Madagascar y Malawi pasaron a formar parte de una red de conexiones más amplia. Para las familias en estos países, un acceso más sencillo al apoyo financiero representó algo más que comodidad. Significó inclusión.
Un trabajador en Francia pudo enviar dinero a Burundi sin depender de canales informales. Un estudiante en Alemania pudo apoyar a familiares en Malawi con mayor confianza. Las familias en países insulares como las Comoras encontraron nuevas vías para mantenerse conectadas con parientes en el extranjero. Cada una de estas conexiones redujo el aislamiento y aumentó la seguridad.
Más allá de los hogares individuales, el impacto más amplio del apoyo de la diáspora fue visible en las comunidades. Las remesas respaldaron pequeños negocios, ayudaron a financiar insumos agrícolas y permitieron a las familias planificar más allá de la supervivencia inmediata. Permitieron a los padres pensar en el futuro y no solo en el presente. La educación siguió siendo una prioridad, con muchas familias dando prioridad a las matrículas y los materiales escolares como una inversión a largo plazo.
La historia de África en 2025 no fue una historia de dependencia. Fue una historia de colaboración. Los miembros de la diáspora no se limitaron a enviar dinero. Compartieron responsabilidades. Siguieron siendo participantes activos en la vida y el progreso de sus comunidades. El año volvió a demostrar que la resiliencia suele ser colectiva, construida a través de relaciones que se extienden más allá de las fronteras, pero que permanecen firmemente arraigadas en el cuidado.
En Asia, 2025 puso de relieve la fortaleza silenciosa de la responsabilidad familiar. A lo largo del sur de Asia, el sudeste asiático, Asia Central y las regiones cercanas, las familias continuaron gestionando la separación como parte de la vida cotidiana. La migración ha sido durante mucho tiempo una realidad para muchos hogares asiáticos y, con ella, existe una comprensión implícita de la responsabilidad compartida.
A lo largo del año, las remesas respaldaron la vida diaria de manera tangible. Los fondos enviados desde el extranjero cubrieron alimentos, alquiler, servicios básicos, atención médica y matrículas escolares. Garantizaron la continuidad en hogares donde uno o más miembros de la familia vivían lejos. Estos envíos rara vez fueron extraordinarios. La mayoría fueron modestos y regulares, reflejo de un compromiso constante más que de gestos puntuales.
La educación siguió siendo uno de los resultados más significativos de este apoyo. Padres que trabajaban en el extranjero priorizaron la escolarización de sus hijos. Hermanos financiaron estudios universitarios. Las familias extendidas unieron recursos para asegurar que las generaciones más jóvenes tuvieran oportunidades que, de otro modo, podrían haber quedado fuera de su alcance. Las ceremonias de graduación en toda la región reflejaron silenciosamente los sacrificios de familiares en el extranjero.
El año 2025 también marcó importantes ampliaciones en partes de Asia y regiones vecinas. Nuevos destinos como Armenia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Turquía y Uzbekistán pasaron a formar parte de una red en crecimiento. Estas regiones, marcadas por complejos patrones migratorios y transiciones económicas, dependen en gran medida del apoyo de sus diásporas.
Para las familias en Asia Central, contar con canales más fiables significó una mayor tranquilidad. Un trabajador en Corea del Sur pudo apoyar a familiares en Kirguistán. Una familia en Georgia pudo recibir ayuda de seres queridos en Europa Occidental. Estas conexiones redujeron la incertidumbre y reforzaron una sensación de continuidad.
La tradición desempeñó un papel fundamental a lo largo del año. Incluso cuando las familias no pudieron reunirse físicamente, las celebraciones culturales y religiosas siguieron siendo centrales en la vida familiar. Festividades, días señalados e hitos personales se celebraron mediante planificación, comunicación y apoyo oportuno. La distancia exigió adaptación, pero no redujo su significado.
La tecnología respaldó estas dinámicas en evolución. Herramientas digitales más rápidas permitieron a las familias responder con mayor agilidad a las necesidades. Una nueva aplicación móvil lanzada durante el año reflejó estas expectativas, priorizando la simplicidad y la rapidez. La disponibilidad de pagos con criptomonedas aportó flexibilidad a algunos usuarios, especialmente en contextos donde los sistemas financieros tradicionales siguen siendo complejos o limitados.
La historia de Asia en 2025 fue una historia de constancia. Las familias estuvieron presentes unas para otras día tras día. La responsabilidad no se entendió como una obligación, sino como una forma de cuidado. A través del apoyo regular y la comunicación constante, la distancia pasó a ser algo que se gestiona, no algo que se teme.
En América Latina, 2025 reafirmó una verdad profundamente arraigada. La familia no se define por la cercanía física. Se define por la presencia. A lo largo del año, las familias latinoamericanas continuaron transformando la distancia en cercanía mediante la creatividad, el compromiso y la conexión emocional.
La migración sigue siendo una parte integral del tejido social de la región. Las familias suelen estar repartidas entre países y continentes, pero permanecen estrechamente unidas. Las remesas desempeñaron un papel central en el mantenimiento de esa cercanía. Los fondos enviados desde el extranjero ayudaron a cubrir gastos cotidianos, a gestionar las presiones inflacionarias y a hacer posibles celebraciones importantes.
Más allá del apoyo económico, las remesas tuvieron un significado emocional. Fueron expresiones de cuidado, tranquilidad y responsabilidad. Dijeron “estoy aquí”, incluso cuando la presencia física no era posible.
A lo largo de 2025, las comunidades de la diáspora en América del Norte y Europa siguieron participando activamente en la vida familiar en sus países de origen. El apoyo aumentó tanto en momentos de crisis como de celebración. Desastres naturales, emergencias de salud y desafíos económicos recibieron respuestas rápidas desde el exterior. Cumpleaños, festividades y celebraciones religiosas se planificaron a través de fronteras con intención y creatividad.
La tecnología facilitó el mantenimiento de estas conexiones. Los servicios móviles, las transferencias digitales y las herramientas de comunicación permitieron a las familias seguir formando parte de la vida de los demás. Una nueva aplicación móvil ayudó a simplificar estas interacciones, mientras que opciones de pago más amplias aseguraron que las familias pudieran acceder a los fondos de acuerdo con sus realidades locales.
El año también reforzó la importancia de la confianza. Las familias dependieron de sistemas que funcionaran de manera constante. Las alianzas con proveedores como Thunes, CashMinute, Intelexpress y otros contribuyeron a garantizar que el apoyo llegara a su destino de forma segura. Estas relaciones fueron fundamentales porque las familias dependen de la fiabilidad, especialmente al enviar recursos obtenidos con esfuerzo.
La experiencia de América Latina en 2025 puso de relieve la profundidad emocional del apoyo de la diáspora. Las transferencias no fueron transaccionales. Fueron relacionales. Cada una reflejó una historia compartida, una responsabilidad compartida y una esperanza compartida en el futuro.
Más allá de África, Asia y América Latina, 2025 puso de manifiesto hasta qué punto la experiencia de la migración se ha vuelto global. Las familias permanecieron conectadas a través de Europa del Este, América del Norte y otras regiones, formando una red de relaciones que trascendió los límites regionales tradicionales.
Europa del Este siguió siendo un área de especial relevancia. Países como Moldavia y Ucrania dependieron en gran medida del apoyo de sus diásporas mientras las familias afrontaban incertidumbre económica y desafíos sociales. Los fondos enviados desde el extranjero ayudaron a cubrir necesidades básicas, respaldaron los esfuerzos de recuperación y ofrecieron estabilidad durante períodos difíciles.
América del Norte continuó desempeñando un papel central tanto como destino como fuente de apoyo. La incorporación de Canadá y Estados Unidos como destinos reflejó la realidad de que estos países albergan comunidades de la diáspora diversas que apoyan a familias en todo el mundo. Desde África hasta Asia y Europa del Este, muchas conexiones pasaron por América del Norte.
En conjunto, 2025 cerró con personas conectadas en 174 destinos a nivel mundial, lo que refleja la complejidad y la escala de la vida familiar moderna. Los 18 nuevos destinos añadidos durante el año ampliaron el alcance y la inclusión, garantizando que más familias pudieran mantenerse conectadas independientemente de dónde las hubiera llevado la vida.
Esta red global se apoyó en un amplio ecosistema de socios. Proveedores como Nairagram, MORE MT, Uremit, GCC Remit, Samsara Remit, Vikki Digital Bank, BVNK y DTOne, junto con otros, respaldaron la entrega, la accesibilidad y la fiabilidad en distintas regiones. Estas alianzas ayudaron a convertir la intención en acción.
La conexión en 2025 fue más allá del apoyo financiero. También se manifestó en la conversación, la participación y las experiencias compartidas. Los espacios digitales se convirtieron en puntos de encuentro donde se intercambiaron historias y se formaron comunidades.
A lo largo del año, las plataformas sociales reflejaron un creciente nivel de participación. En Facebook, el contenido alcanzó 5,4 millones de visualizaciones, generó 17,4 mil interacciones y dio la bienvenida a 1,7 mil nuevos seguidores. En Instagram, el alcance se amplió a 1,3 millones, con 778,7 mil visualizaciones y 6,7 mil nuevos seguidores que se sumaron a la conversación.
Estas cifras representaron algo más que visibilidad. Reflejaron una comunidad interesada en las experiencias compartidas, la identidad cultural y las realidades de vivir a través de fronteras. Demostraron que las personas buscan no solo servicios, sino conexión y comprensión.
Durante el año, se introdujeron 21 códigos promocionales para apoyar la accesibilidad y la participación, especialmente en períodos de mayor necesidad. Estas iniciativas reconocieron las realidades financieras que enfrentan las familias y buscaron reducir barreras cuando el apoyo resultaba más necesario.
Al mirar atrás, 2025 dejó una lección clara. La distancia no define las relaciones. El compromiso sí. Las familias demostraron que el sentido de pertenencia puede extenderse a través de las fronteras sin romperse. Se adaptaron, se comunicaron y se apoyaron mutuamente mediante la constancia, más que a través de grandes gestos.
El año también puso de relieve la importancia de la confianza. Las familias confiaron a los sistemas algo más que dinero. Confiaron tranquilidad. La fiabilidad, la transparencia y la seguridad no fueron opcionales. Fueron fundamentales.
Por encima de todo, 2025 demostró que la conexión es profundamente humana. La tecnología la facilitó, pero la empatía la sostuvo. Detrás de cada envío hubo una persona que eligió cuidar, a menudo en silencio, a menudo de manera constante.
Al cerrar 2025, lo hacemos con gratitud y emoción. Ha sido un año marcado por millones de gestos que acercaron a las familias, incluso cuando la distancia se sentía pesada. Cada transferencia enviada, cada mensaje compartido, cada momento acompañado contribuyó a algo más grande que sí mismo.
Este año concluyó con 174 destinos conectados a través de todos los servicios, 109 destinos de remesas, 18 nuevos países añadidos, una nueva aplicación móvil, pagos con criptomonedas disponibles y millones de remesas entregadas con cuidado y fiabilidad. Pero más allá de las cifras se encuentra el verdadero logro. Las familias permanecieron conectadas. Las responsabilidades se cumplieron. La confianza se ganó.
Gracias a todas las personas que permitieron acompañar estos momentos. Al avanzar, se mantiene el mismo compromiso con la conexión, el cuidado y la continuidad. La distancia puede dar forma a nuestro mundo, pero no define nuestras relaciones.
Juntos, cerramos 2025 no solo mirando atrás, sino llevando sus enseñanzas hacia adelante, con la certeza de que la conexión siempre encontrará un camino.
Para conocer los destinos donde las familias de todo el mundo continúan conectadas y apoyadas, la lista completa de países disponibles ofrece una visión clara.
A medida que se acerca 2026, la atención se dirige de forma natural a las personas y comunidades que se sostienen mutuamente a pesar de la distancia. El año que comienza trae una nueva perspectiva, oportunidades renovadas y la posibilidad de construir sobre los avances ya logrados. Que los próximos meses estén marcados por buena salud, progreso compartido y momentos significativos de cercanía que trasciendan fronteras. El deseo es un año definido por la continuidad, la confianza y una conexión duradera, allí donde lleve el camino.